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viernes, septiembre 05, 2008

El síndrome "hikikomori" se extiende por el mundo

El aislamiento puede provocar severos cuadros depresivos en los jóvenes. La exigencia excesiva en los ámbitos académicos y cierta imagen exitista, que sobrevalora algunas características físicas como patrones únicos de belleza, pueden generar fuertes retracciones entre los adolescentes que se aíslan del mundo exterior.
Este fenómeno, que en Japón se conoce como "hikikomori" -inhibición, reclusión o aislamiento, en japonés-, cada vez es más frecuente entre los jóvenes del mundo, que se recluyen en sus habitaciones y pierden contacto con el exterior durante meses. La tendencia no sólo es a encerrarse sobre sí mismos. No se trata de chicos introvertidos, sino de adolescentes que se aíslan, rehúsan ir al colegio o eso es todo lo que hacen porque no salen, no tienen amigos.
El "hikikomori" es muy estudiado por los psicólogos japoneses que han detectado decenas de miles de casos entre adolescentes que son -o fueron-, estudiantes brillantes que no pudieron sobrellevar la exigencia impuesta desde la sociedad y desde sus familias.
El síntoma típico es el retiro silencioso de jóvenes que solían ser alegres, inteligentes y sociables a sus habitaciones, donde pueden permanecer meses, incluso años y que, en extremo, puede acabar con el suicidio. En todos los casos, se trata de adolescentes de clases medias altas con acceso a la tecnología que se recluyen para ver televisión, navegar por la Red Internet y dormir, y que tienen cierto fanatismo por los juegos de rol, en los que canalizan la angustia que les producen sus propias inhibiciones. Son chicos que sienten que no alcanzan la expectativas del medio social y familiar en el que viven, piensan que están "fallados" internamente, sufren un vacío interior que no pueden llenar.
Si bien los síntomas de este fenómeno se asemejan a los que se manifiestan en un caso de "fobia social", el cuadro es más complejo y está vinculado a la sexualidad. La sexualidad durante la adolescencia es una verdadera eclosión, y no todos los jóvenes tienen los recursos internos que necesitan para acercarse al sexo opuesto. A modo de ejemplo, un paciente dejó de ir al colegio a los 15 años y se encerró en su habitación durante meses porque "no alcanzaba el siguiente nivel", como pasa con los juegos de rol de Internet. ¿Por qué sentía que no alcanzaba el siguiente nivel? Porque no se sentía capaz de estar con una chica.
Además de la introversión, sentir que uno tiene pocos recursos internos, genera mucho rencor que suele canalizarse en los juegos de rol donde "pasar al siguiente nivel" está asociado a situaciones violentas, como matar contrincantes.
El hikikomori es un cuadro con varios ingredientes: no saber manejar la propia sexualidad, no saber cómo desenvolverse en el mundo, miedo a la violencia social, fuerte influencia de los medios de comunicación y excesiva conexión a la red. Este tipo de cuadros son tratables con terapia y revelan conflictos familiares que no fueron registrados hasta la adolescencia, cuando se vuelven críticos.
Un corresponsal en Japón de BBC News relataba su experiencia con uno de estos jóvenes: "lo conocí solamente como el muchacho de la cocina. Su madre, Yoshiko, no me dijo su nombre temerosa de que los vecinos descubrieran su secreto. Su hijo tiene 17 años. Tres años atrás estaba triste con la escuela y empezó a no querer ir. Un día entró en la cocina, cerró la puerta y se negó a volver a salir. También impide el acceso de nadie. La familia debió construir una nueva cocina. El baño está pegado a la cocina, pero él solo se baña una vez cada seis meses".
Para un adolescente es normal que no haya lugar más seguro que sus cuatro paredes, es como esconderte debajo de la manta o poner la cabeza bajo tierra como las avestruces, buscar el lugar donde nadie puede atacarte, nadie puede suspenderte ni dejarte, nada puede salir mal si nada arriesgas y en una situación de gran tensión social y emocional lo mas fácil es encerrarse y dejar pasar el tiempo.
Dentro del trastorno hay diferentes perfiles: algunos salen por la noche pero rehuyen la compañía y la conversación, otros al sentir presión por sus padres para hablar o salir del cuarto se ponen violentos o amenazan con el suicidio, otros hablan un poco con la familia. El 41 por ciento de los afectados están entre uno y cinco años en sus habitaciones. Existen casos de comorbilidad con otros trastornos como depresión, ansiedad, agorafobia pero también hay casos en que no se da.
Recomendable leer el libro: 'Hijos difíciles-Padres desorientados. Padres difíciles-Hijos desorientados', de la psicóloga Eva Rotenberg.



1 Comentarios:

Blogger Despedida dijo...

I like this post.

6:31 a. m.

 

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