Porque más vale prevenir que curar, háztelo mirar.

lunes, febrero 09, 2009

Síndrome de Fatiga Crónica (la importancia de la luz)

El Síndrome de Fatiga Crónica es una dolencia más grave de lo que su nombre sugiere a simple raciocinio, pues la cotidianidad (su trabajo, su independencia, su autoestima, su vida social,...) de quien lo padece se ve alterada de manera considerable. El ruido, la luz directa, los sonidos estridentes, cualquier situación irritante los pone nerviosos ya que poseen una sensibilidad extrema que les hace sufrir por todo. Su organismo no genera las hormonas necesarias para un correcto funcionamiento, lo que les impide llevar una vida normal. Por utilizar un simil aclaratorio: es como si a una persona sana, antes de empezar su jornada diaria, le hicieran correr varios kilómetros hasta quedar exhausta.
Los síntomas más frecuentes son: dolores musculares, cefaleas, frustración, alteraciones del apetito, del sueño, de concentración y en el humor.
A pesar de los hechos, los médicos difieren. Unos dicen que es una enfermedad fantasma de origen psicosomático; y otros, que es como un virus de PC que ataca al sistema nervioso central incapacitando al cuerpo para realizar las actividades más sencillas. Este cansancio continuo lo padecen sobre todo mujeres de entre 30 y 50 años y obliga al 80% de quienes lo sufren a la incapacidad permanente.
Es recomendable el ejercicio físico progresivo controlado que debe individualizarse según el paciente y la fase de la enfermedad. La actividad física debe hacerse de manera regular y moderada sin superar, nunca, los 30 ó 45 minutos diarios.
La terapia cognitiva conductual también ha demostrado su utilidad. Eso sí, debe realizarse por personal cualificado y con experiencia en el tratamiento de esta enfermedad, ya sean psiquiatras o psicólogos clínicos. Y el tratamiento recomendado suele durar de cuatro a cinco meses, a razón de una hora semanal, en régimen ambulatorio.
Después, una simple revisión de nuestros hábitos cotidianos también ayudará a hacer más llevaderos los síntomas de la fatiga, sea del origen que sea: Mantener horarios fijos tanto para acostarse como para levantarse, y procurar hacer las comidas siempre a las mismas horas. / Practicar ejercicio -recuerda: ¡con moderación!- mejor al aire libre (nadar, pasear, montar en bicicleta...). / En el trabajo, realizar descansos de diez minutos durante los cuales resultan útiles los ejercicios respiratorios o métodos de relajación. / Seguir una dieta baja en grasas y alta en fibra, con abundancia de frutas y vegetales crudos. / Aportar al organismo energía adicional con alimentos ricos en hidratos de carbono (pasta, pan integral, legumbres...). / Prevenir la anemia con alimentos ricos en zinc y hierro (berberechos, hígado, lentejas, espinacas). / Contrarrestar la pérdida de líquidos, sobre todo si hace calor, con vitamina C (kiwis, cítricos...). / Suprimir el consumo de excitantes (cafeína, tabaco...).
Otros tipos de cansancio
-Anhedonia. Dicen que el famoso director de cine Woody Allen -muy sensibilizado con este trastorno, acaso por padecerlo durante un tiempo- pensaba titular con este nombre su conocida película 'Hannah y sus hermanas'. Anhedonia supone incapacidad para sentir placer y disfrutar de las cosas agradables. Los investigadores creen que este trastorno se debe a una alteración del sistema por el que la dopamina -sustancia química que se halla en el cerebro- produce sensaciones de placer y satisfacción al comer, al tener relaciones sexuales o al cuidar de un hijo recién nacido... El tratamiento que aplican los especialistas es semejante al de la depresión.
-Síndrome Burnout. La "sobrecarga emocional" o el Síndrome Burnout (estar quemado) es un trastorno de agotamiento físico y emocional que suelen padecer quienes trabajan en contacto directo con otras personas (profesores, médicos, dependientes...). Esta patología detona en situaciones estresantes con actitudes negativas, manifestación de insensibilidad o cinismo. Sumado al malestar general, son frecuentes los sentimientos de vacío, fracaso y baja autoestima; también nerviosismo, dificultad para concentrarse y una baja tolerancia a la frustración. El tratamiento es similar al utilizado en casos de estrés severo.
-Astenia. El cansancio -astenia en lenguaje médico-, además de un estado físico bajo, es síntoma habitual de enfermedades orgánicas y psicológicas. Las enfermedades infecciosas, algunas afecciones crónicas, las formas larvadas de depresión, la anemia o las hepatitis se acompañan de esa sensación de debilidad física. Pero no siempre el cansancio está relacionado con problemas de salud: puede ser provocado por estrés, exceso de trabajo, hiperactividad o esfuerzos inhabituales. Por esto, se hace necesaria una revisión médica completa para descubrir el origen. De los resultados, depende el tratamiento.
-Afectivo estacional. Conocido en otras latitudes como "fiebre de cabaña" o "aburrimiento de invierno" es una forma de depresión relacionada con el cambio estacional. Se da generalmente al principio del invierno, aunque una variante sobreviene en verano. Como cualquier otra forma de depresión -y esta lo es, aunque leve- es más frecuente en las mujeres que en los hombres. Aunque se desconoce la causa de este desorden, se cree que está relacionada con factores como la temperatura corporal, la regulación hormonal y la luz ambiental. En muchas ocasiones remite de forma espontánea con el cambio de la estación.
La importancia de la luz
El cansancio y el deseo de dormir se originan, tanto en los animales como en las personas, gracias a la secreción de una hormona llamada melatonina que produce la glándula pineal. Cuando anochece, esta glándula reacciona produciendo la citada hormona, que se libera en sangre y provoca somnolencia. Cuando amanece, el brillo de la luz impactado en nuestras retinas hace que se active de nuevo la glándula pineal y reaccione, interrumpiendo la secreción de melatonina. Es así como logramos despejarnos. Muchos estudios demuestran que, aunque vivamos y trabajemos en estructuras cerradas, sirviéndonos de luz artificial, nuestro cuerpo sigue respondiendo al entorno exterior, a la variabilidad de las estaciones, a su duración e intensidad... De igual forma que la luz está intimamente relacionada con el sueño, también lo está con el umbral de dolor, el grado de alerta, las necesidades alimenticias, el estado de ánimo, los ciclos de la menstruación y la actividad sexual. ¿Por qué? Porque la luz influye en nuestros ritmos circadianos (algo así como el reloj interno que nos lleva, por ejemplo, a sentir hambre siempre a la misma hora). De tal forma que la baja exposición a la luz solar obliga al cuerpo a segregar un exceso de melatonina a lo largo del día que produce cansancio extremo, pero también depresión, problemas cutáneos, trastornos del sueño y déficit en el sistema inmune. Por ete motivo, la luminoterapia -o fototerapia- comienza a postularse como uno de los tratamientos más prometedores. La luz provoca la liberación de la serotonina, que es el neurotransmisor que regula el apetito, el ánimo y la energía vital. La terapia consiste en sentarse cerca de una lámpara que simula el espectro de la luz solar. Con los ojos abiertos, pero sin mirar directamente la luz, la duración no debe exceder una hora, dos veces al día, según la persona y el tipo de aparato.



2 Comentarios:

Blogger rodikine dijo...

hola dr.salud, me parece muy interesante tus articulos, son por demas muy informativos y muy completos tanto para profesionales o estudiantes de la salud, como asi tambien para el publico en general, y eso me parece excelente, te invito a mi blog para que me des una opinion, en verdad te felicito!


rodikine

4:16 p. m.

 
Anonymous consejos para descansar mejor dijo...

A la mínima que veamos que nos sentimos cansados es ideal visitar a un profesional, el cambio no lo vamos a experimentar en poco así que es bueno pedir ayuda para mejorar

1:25 p. m.

 

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